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Alergia alimentaria vs Intolerancia alimentaria

Alergia alimentaria vs Intolerancia alimentaria

Alergia alimentaria vs Intolerancia alimentaria

ALERGIA ALIMENTARIA

La alergia a los alimentos es una respuesta inmune exagerada de nuestro organismo cuando entra en contacto con sustancias que son reconocidas como perjudiciales por el mismo.  Estas sustancias capaces de provocar una reacción alérgica se conocen como sustancias alergénicas o alérgenos.

Las respuestas de nuestro organismo frente a estos alérgenos se pueden manifestar de distintas formas y magnitud:

  • Leves: son de naturaleza transitoria ( ceden con el tiempo )
  • Moderadas: pueden provocar cuadros cutáneos ( desde urticarias a eccemas, pasando por dermatitis atópica), cuadros gastrointestinales ( diarrea crónica ), molestias digestivas inespecíficas, nauseas-vómitos, dificultades para tragar…
  • Graves: shock anafiláctico, con riesgo de muerte.

Las alergias alimentarias se han duplicado en nuestro país en poco más de diez años, pasando de apenas un 3,6% las personas que consultaban por este tipo de alergias en 1992,  a un 7,4% en el año 2005. Y desde, los casos siguen aumentando.

Una de las causas que se atribuyen a este aumento es el tipo de alimentación occidental actual, con una dieta demasiado refinada que impide el correcto desarrollo de la diversidad bacteriana del tracto intestinal.

Otros exploran la famosa “teoría higienista”, según la cual, el aumento de casos de alergia se debe a que los niños crecen en entornos “demasiado limpios”, no dejando madurar debidamente su sistema inmunitario porque no se ve expuesto a suficientes bacterias. Que el sistema inmunitario infantil no tenga oportunidad de enfrentarse a sus enemigos naturales y acabe combatiendo cosas que interpreta como amenazas, pero que no lo son (como polen o alimentos), es una hipótesis que podría explicar la epidemia de alergias  Una prueba: en los países con mayor incidencia y mortalidad por enfermedades infecciosas, las tasas de alergias, asma, enfermedades autoinmunes, asma y enfermedad inflamatoria intestinal son menores”.

Hasta hace algunos años, el único “tratamiento” que se proponía era la exclusión total del alimento. Sin embargo, uno de los problemas de ese enfoque es el riesgo de exposición accidental al mismo y de sufrir una reacción grave. Otro es el continuo estado de alerta en el que viven los alérgicos y sus familias, tanto a la hora de realizar la compra, por posibles confusiones en el etiquetado, como al participar en actividades sociales. Situaciones normales, como asistir a un cumpleaños, se contemplan como de alto riesgo y acaban evitándose, lo cual acaba generando aislamiento

Afortunadamente, desde la década de los 90 se está investigando e implantando lo que se conoce como “inmunoterapia oral” o “desensibilización con alimentos”. Consiste en administrar cantidades progresivamente crecientes del causante de la reacción alérgica, o fracciones minúsculas del mismo, para modular la respuesta inmunitaria y generar la tolerancia a ese alimento.

Las frutas son el primer alimento causante de alergia en nuestro país, seguido de los frutos secos, los mariscos y los pescados. Entre los niños, el huevo y la leche de vaca son los más frecuentes, sobre todo en menores de cinco años. Pero disminuyen con la edad, lo que refleja un desarrollo de la tolerancia a estos alimentos. En los dos primeros años de vida es también frecuente la alergia al pescado, que puede persistir hasta la edad adulta. La de frutas y frutos secos se da más a partir de la adolescencia y es la que más reacciones produce en adultos.

Un alérgico puede sufrir una reacción grave incluso con una pequeñísima cantidad del alimento “culpable”. Síntomas frecuentes: picor en la boca, urticaria, tos, dificultad respiratoria, hinchazón de cara, lengua y garganta, náuseas, vómitos…

La reacción puede ocurrir en minutos o a las pocas horas de ingerir el alimento y la gravedad puede variar, desde un leve picor a la anafilaxia (caída peligrosa de la tensión y dificultad respiratoria).

INTOLERANCIA ALIMENTARIA

Aunque con frecuencia se confunden, la intolerancia alimentaria no implica al sistema inmunitario, se desarrolla gradualmente y ocurre porque el organismo no es capaz de metabolizar un alimento. Los síntomas son exclusivamente digestivos: diarreas, estreñimiento, flatulencia y, en último término, mala absorción, deficiencias alimentarias y sus consecuencias.

La más frecuente es la intolerancia a la lactosa. Se produce en personas que pierden la capacidad de digerir el azúcar presente en la leche. Normalmente pueden tomar otros lácteos, como queso y yogur, porque en ellos la lactosa está transformada en ácido láctico.

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